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La columna de esta semana de Diego S. Garrocho habla de un funeral, pero es un texto bonito. En él cuenta que ha muerto a los 93 años quien fue vecino de sus abuelos, que le vio crecer en el rellano y que es parte de esa “familia extendida” con la que muchos crecimos. Esos vecinos que compartían periplo vital mudándose desde los pueblos a las ciudades y que encontraron en el descansillo de la escalera una réplica a pequeña escala de la plaza del pueblo. Garrocho lo escribe así:
"(...) me hizo pensar que, con la generación de Paco, también se pierde una manera de convivir. En mi caso, y supongo que en el de tantos, ni siquiera sé cómo se llaman mis vecinos, aunque ahora el rellano tenga materiales mejores y un vigilante que custodia la finca 24 horas. Paco, Elvira o mis abuelos vivían con la puerta abierta y por el olor en la escalera podíamos distinguir qué andaban guisando. Compartían lo que tenían sin estridencias ni heroísmo. Los afectos nacían de una cercanía cotidiana y, a menudo, me temo, de la necesidad. La vecindad era una forma de compañía y casi un pacto de perpetuo socorro. La suerte, la buena o la mala, entonces se compartía".
Es innegable que los ritmos de trabajo, las distancias, la crisis de la vivienda y los procesos que nos expulsan del centro de las ciudades hacen más difícil establecer lazos vecinales. Pero podemos seguir haciendo mucho por los barrios y los vecinos. Como demuestran Blanca Castro y quienes viven en la calle General Lacy 22, de Madrid, que resisten y mantienen una lucha contra el desahucio al que les empuja la familia rentista que es dueña del edificio.
General Lacy 22 : Blanca Castro, la primera vecina que se enfrenta a una histórica familia de rentistas con todo su vecindario detrás
Por cierto, mañana está previsto el cuarto intento de desahucio de Mari Carmen, la vecina de 87 años del madrileño distrito de Retiro que ya se ha convertido en un símbolo de la resistencia y la lucha colectiva. Desde la tarde del martes, como ocurrió las tres veces anteriores, habrá gente acompañándola y dispuesta a pasar la noche allí para evitarlo, algo que ha pedido hasta la ONU.
No sé si volveremos a tener la confianza que Paco tenía con sus compañeros de rellano. Pero sí que cada edificio que se vacía destruye más que una relación de vecindad. Y al contrario: que aquellos que luchan y resisten juntos son mucho más que vecinos.
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