|
Mirad la foto que acompaña la primera noticia de la newsletter: Jabri Badr sostiene a su hijo Ibrahim, en un campo de desplazados de Ciudad de Gaza. Los dos pelirrojos. Los dos muy parecidos. “Es como yo. No necesito un papel ni ver la pulsera que llevaba en la mano para saber que es mi hijo. En cuanto lo vi estuve seguro”, afirma este hombre sobre el pequeño, que forma parte de la treintena de bebés prematuros evacuados del Hospital Al Shifa de Gaza en noviembre de 2023 y es uno de los 11 menores que acaban de regresar a la Franja, tras pasar dos años separado de su familia en Egipto. “Nunca olvidaré ese mensaje que decía que mi hija, a la que daba por muerta, estaba viva”, afirma Sondos al Kurd, que también ha recuperado a su pequeña.
Este es uno de los reportajes de Planeta Futuro que más me han impactado esta semana. Pensar en su intrahistoria me estremece: las personas que arriesgaron la vida para salvar a unos bebés de una muerte segura en un hospital que estaba siendo atacado, quienes los cuidaron durante los más de dos años que estuvieron separados de sus familias, los que organizaron ese reencuentro y esos padres, madres y abuelos que durante meses pensaron que sus recién nacidos habían fallecido.
La madre de Ibrahim, por ejemplo, murió sin saber la suerte que había corrido su bebé. Porque la guerra y las crisis siempre golpean con más dureza a los niños y a las mujeres. Un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), hecho público esta semana, advierte de que la forma en que se paga la deuda externa agrava la brecha de género y tiene consecuencias muy tangibles: la pérdida de 55 millones de puestos de trabajo para las mujeres y una caída del 17% en la renta per cápita femenina.
Pero además de empeorar el empleo, también afecta más a la salud de las mujeres: los países con mayores cargas de pago de deuda registran un aumento del 32,5% en la mortalidad materna, lo que se traduce en 67 muertes adicionales por cada 100.000 nacimientos.
En mitad del torrente de noticias negativas, también hay alguna luz, como este reportaje de mi compañera Beatriz Lecumberri sobre el feminismo en Esuatini, la última monarquía absolutista de África. “Ser feminista en Esuatini hoy es tan complicado como necesario”, le aseguró Colani B. Hlatjwako, responsable de Journey of Hope, una organización dedicada a defender los derechos de la mujer en un país profundamente patriarcal, donde una de cada tres niñas sufre abusos sexuales antes de cumplir 18 años, la poligamia sigue siendo legal y el rey tiene una quincena de esposas.
Tampoco os perdáis este reportaje de Aresu Eqbali desde Teherán, en el que relata cómo es la vida bajo el frágil alto el fuego en la capital de Irán. Para Hamidreza, “la guerra fue aterradora” pero lo que más le preocupa es “subsistir”
¡Muchas gracias por leernos y hasta la semana que viene!
|